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Cajón Desastre: COVID-19-CFCh, antología cf chilena de pandemia.

Ilustración de Romy Riq

Leo Espinoza convocó a los miembros de la ALCiFF para una antología temática de cuentos el martes 24 de marzo de 2020, en medio de una pandemia, con todo el mundo atacado de los nervios por la situación. El viernes 3 de abril, una semana y tres días después, COVID-19-CFCh se publicó, con el apoyo de una editorial, maqueteada, revisada, prologada y gorda con veinticuatro cuentos y dos poemas.

Creo que no puede minimizarse el logro de Leo. Como proyecto nacido de quizás qué chispa de inspiración —me lo imagino conversando con su señora durante una comida, encuarentenado y un poco ansioso por tener que ir a las trincheras de la pandemia en menos de un mes— es casi un milagro que se convirtiera en una cosa concreta y acabada en un plazo tan corto. A mí, entre que se me ocurre una idea y se la menciono a alguien, qué decir hacer algo al respecto, normalmente pasan un par de años, por lo bajo.

Como uno de los autores antologados, no creo que sea apropiado decir nada respecto de las virtudes del libro. Pero sí hay un par de observaciones que podría hacer y, me parece, puedo hacerlas sin que parezca que me echo flores. Porque la antología tiene algo de eso que buscaban los pintores impresionistas, que pintaban rápido precisamente para poder captar la luz tal como caía sobre un paisaje en un momento preciso, y no en un estudio controlado. COVID-19-CFCh es un cuadro impresionista de la pandemia que estamos viviendo.

Vale la pena preguntar, entonces, cuáles son nuestras impresiones. Y lo primero que noto es que compartimos la impresión de que no hay una solución fácil a esta crisis. En ninguno de los cuentos se encuentra una cura milagrosa; no hay algún relato en que un científico tenga una epifanía acerca del virus y encuentre la panacea. En Camilo, de Josefa Tello Alfaro, se encuentra la vacuna… en lo que resulta ser un sueño. Lo mismo sucede en Visión, de Andrea Prado. En La Maleta, de Ignacio Dominguez —que podría ser la excepción—, se nos avisa sin miramientos que el inventor de la cura piensa destruirla.

Lo segundo es una desconfianza total en las autoridades. Esto no es de extrañar, por supuesto, tan poco tiempo después del estallido social que conmocionó a nuestro país. Ninguno de los personajes es, por ejemplo, un funcionario público que tiene que tomar decisiones difíciles. El poder no está representado en esta antología; todas las voces, todos los personajes, son ciudadanos de a pie con poca o nula agencia; son espectadores con horizontes de acción y comprensión sumamente limitados, tratando de hacer lo mejor que pueden por sí mismos y aquellos que tienen cerca, pero no por la sociedad en general. Sobre esta, al fin y al cabo, no tienen injerencia. Nuevamente, hay lo que parece una excepción: El fin de Bueninides, de Aaron Sweskis Alvo, pero el rey de Bueninides resulta ser tan impotente como Fonasides, el paria.

COVID-19 (Folleto), del mismísimo Leo, aborda el tema de la impotencia de manera sutil: la minoría de edad es la fuente de los conflictos en este cuento y, con ella, la exclusión de las decisiones, incluso las que afectan al propio protagonista, quien tiene que mentir acerca de su edad para acceder a la vacuna contra el virus. En cierto sentido, todos somos menores de edad al enfrentar la pandemia.

Sin embargo, el Apocalipsis total no es, me parece, lo que predomina en la antología. Ciertamente está representado, en cuentos como Peste programada, de Michel Deb; La playa, de Yamila Huerta; Vampiros, de Felipe Tapia, y La ciudad, de Romy Riq, por mencionar algunos. Pero en la mayoría de los textos parece que el mundo seguirá girando, aunque se haya bamboleado. COVID-19 (Folleto) es quizás el cuento más representativo de continuidad: los efectos de la pandemia son profundos, algún número indeterminado de años tras el brote, pero las preocupaciones siguen siendo fundamentalmente las mismas de siempre.

No por faltar la cura deja de haber optimismo en la antología. En algunos cuentos, el poder del virus es transformativo para mejor… O, al menos, puede argumentarse que los cambios son para mejor. Es el caso de Nuevo cosmos, de Gisela Sanhueza; El espíritu que aún vive en ti, de Willbert Gallegos Riquelme; y El no vivo, de Iván Salazar. Ciertamente, los efectos del COVID-19, en estos cuentos, requieren un cambio de perspectiva muy profundo; no todo es chicha y choripán. Pero la vida es cambio, y el virus ha sido avatar de cambio en estos cuentos.

Creo que Vahos, de J. M. Fernández Gutiérrez, merece mención por tocar un tema curiosamente subrepresentado en la antología: el de las actividades de cuarentena. ¿A qué nos hemos dedicado durante estos días, aquellos que podemos —y, por tanto, debemos— quedarnos en casa? ¿A qué realidades escapamos? Los personajes de Vahos evaden su realidad, pero no es posible escapar del todo: el virus, aunque solo como temor nebuloso, aparece en la evasión. Esa es, me parece, una analogía apropiada para lo que significa la antología en su totalidad: la ficción es un escape de la opresión cotidiana a que nos someten las circunstancias —políticas, económicas, familiares, o, como es ahora el caso, médicas—, pero no es un es un escape atolondrado hacia la nada, sino un enfrentamiento indirecto con esa misma realidad. Un enfrentamiento que nos permite quedar un poco mejor preparados para el lidiar con lo que nos toca a cada uno en su realidad.

No menciono en esta reseña todos los cuentos antologados porque no es mi intención hacer revista de ellos. Hablé tan solo de los hilos que vi aparecer, tejiendo la estructura de COVID-19-CFCh. Quien busque otros temas en común dentro de la antología, los encontrará. El breve plazo en que se escribieron estos textos nos obligó a poner en ellos lo primero que se nos vino a las mientes cuando Leo convocó la antología.

Debo decir que el resultado me parece fascinante.

Arturo Sierra, 2020.

Comentarios

  1. Muy profundo y acabado análisis. Me encantó tu interpretación y forma de entender la antología como un conjunto. Y, sobre todo, me llegó realmente tu descripción de "ciencia ficción impresionista". Creo que realmente usaré ese término por largo, largo tiempo...

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